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Portada del libro "Los litófonos de Tenerife" |
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Del mismo modo que las pinturas rupestres dan información sobre las inquietudes formales del hombres primitivo, las piedras guardan un testimonio no menos valioso acerca de cómo éste generó la música a partir del material más básico que poseía. Este es el punto de partida de "Los litófonos de Tenerife", libro en Francisco Javier García Miranda invita a conocer los instrumentos musicales más antiguos de los que se tiene constancia en el Archipiélago. "Hasta ahora solo existían algunos artículos publicados sobre el tema, por lo que este es el primer libro dedicado a los litófonos", asegura el folclorista, investigador y fotógrafo lagunero, que cifra en unas treinta el número de estructuras de este tipo que puede haber en Tenerife asociadas a su correspondiente topónimo. En Canarias el total sobrepasa el centenar, "aunque las formaciones fonolíticas pueden llegar a 300", matiza. En comunión con una naturaleza todavía intacta, los antiguos pobladores de las Islas encontraron en la sonoridad de las piedras un medio de expresión que servía a múltiples fines. "Es un aspecto común a todos pueblos de la Antigüedad -aduce el investigador-. La música no solo tenía para ellos un carácter lúdico, sino también ritual, estaba relacionado con las cosechas, las curaciones o las ofrendas a los difuntos, en la línea de nuestros Ranchos de Ánimas". Los sonidos se obtenían por medio de la percusión "piedra contra piedra", detalla el autor, que se ha valido de testimonios orales, mapas, topónimos y referencias topográficas para localizar los litófonos de Tenerife, tras incontables jornadas dedicadas a hollar los caminos y parajes de la Isla. A veces la pista la da un nombre (campana encabeza la lista de los cerca de treinta topónimos registrados) y a veces un informante, personas que milagrosamente han conservado la tradición oral de sus antepesados y ponen al investigador sobre el rastro válido. En opinión de García Miranda, los litófonos más representativos se hallan en el Roque Malpaso, Izaña, Morro de las Campanitas (en el límite entre Fasnia y Guïmar) y en La Punta del Hidalgo, en la llamada Meseta de los Guanches, donde el autor localiza un "llamativo recinto" atravesado por canalillos, cazoletas, relojes solares y una insólita formación geológica de aspecto fálico, "que probablemente fuera empleada como centro ceremonial" por los moradores de la zona. Este útimo enclave posee, a juicio del investigador, "una acústica sobrenatural", por contraste que con el sonido seco, mineral, que generan las formaciones basálticas de la llamada Cueva del Campanario, localizada en uno de los barrancos de Tabaiba. Entre ambas estructuras litofónicas se sitúa la del roque de Malpaso, en Valle San Lorenzo, Arona, que servía para prevenir a los pobladores de amenazas externas , o la de Izaña, que según García Miranda desprende un "sonido agudo, intenso, propio de una chapa de metal, que puede ser escuchado a medio kilómetro". No son los únicos ejemplos. Otros litofónos señalados por referencias orales o toponímicas pueden hallarse en Candelaria (Cueva de la campana), cerca de Igueste de San Andrés ("Las Piedras de Hierro"), en los altos de Santa Úrsula (Laja de la Campana) o en el núcleo güimarero de Anocheza (Toque de campanas). Los yacimentos donde se encuentran los litófonos se caracterizan por la diversidad de formas, estructuras y marcos geológicos, pero tienen un triste denominador común: "La mayoría de ellos han sido expoliados", lamenta el autor. Es difícil precisar el espectro cronológico en el que se desarrollan las manifestaciones fonolíticas, aunque, como señala García Miranda, "sabemos por diversos testimonios que aún se utilizaban en el sur de la Isla hasta principios del siglo pasado". Como tantas manifestaciones vernáculas, esta comenzó a perderse tras la Guerra Civil. Según García Miranda, no solo la alegría de la gente, sino el impulso investigador, quedaron frenados, a lo que se unió la retorcida sospecha de que expresiones como la recogida en su libro pudieran estar vinculadas a "manifestaciones paganas". Por una cosa o por otra, la litofonía ha sobrevivido a duras penas como un elemento marginal de la cultura ancestral canaria. "Los litófonos han sido poco estudiados por la arqueología y la etnomusicología", concluye Francisco Javier García Miranda, quien espera "abrir una puerta para que investigadores de otras disciplinas se interesen por ellos". Fuente: http://www.eldia.es |